
Conservaba la infantil costumbre de guardar cosas inútiles. Quizá por eso, y por unas cuantas infantilidades más, aquel cuaderno había llegado hasta aquellos días. Para los ajenos a su infancia podría resultar ridículo el argumento por el que aquel cuaderno había perdurado hasta ser finalmente utilizado. De niño nunca tuvo un cuaderno de tapa dura, como no tuvo otros muchos lujos infantiles banales. Estudió en un colegio de ricos, aun distando mucho de serlo. Tardaría muchos años en llegar a entender porqué él no llevaba cuadernos de tapa dura. Pero entendiéndolo, como una especie de rebelión pueril, acabó comprando, ya adulto, aquel cuaderno de tapa dura. No sabría precisar cuando, y ni siquiera recordaba el fin. Había pasado años guardado en ninguna parte y sin ningún fin. Pero un buen día empezó a garabatear notas, reflexiones, webs por ver, referencias sobre las que indagar… y llegados a ese punto aquel viejo cuaderno había absorbido un pedazo de su alma. Hasta el punto de haber plasmado en tinta esta misma reflexión en sus páginas, y no haber podido reprimir un estúpido impulso de acariciar esa portada rojiza y dura al cerrarlo.
CYBRGHOST
Porque aun abducido digital, siento un fervor ritual por el papel, hasta el punto de reservar determinados bolígrafos para ocasiones







